Tirada en la nieve,
rodeada de muñecos inmóviles,
ninguno se mueve.
La nieve se va convirtiendo,
en una arena movediza
pero los muñecos siguen ahí,
inmóviles y ya no me sorprendo.
Muñecos que comienzan a moverse,
empiezan a andar pero parecen ciegos,
hacen como que no me ven,
él solo quiere alimentar su ego.
La arena me está consumiendo,
poco a poco,
no consigo gritar,
mi fuerza va careciendo.
Cierro los ojos,
y uno de sus golpes
hace que me vuelva a mi lugar seguro,
los brazos están rojos.
No me gusta que estén rojos
pero ya es inevitable.
¿Qué voy a hacer ya?
Si siempre me sentiré culpable.
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